Competir Fantasía Competencia

Pretendemos integrarnos en algún grupo de pertenencia donde buscamos el reconocimiento de otros semejantes para sentirnos humanos. En el grupo, la identificación entre los miembros ayuda a superar el miedo.

Se crean hábitos, adornos o uniformes que eliminan las diferencias, elevando a los miembros a la categoría de "Señores" con derecho divino, con lo que se intenta recuperar un narcisismo perverso, ahora diluido en el grupo.

La ilusión de la omnipotencia de un grupo, diluye los controles sociales necesarios y permite descargar las tensiones acumuladas en la guerra, pudiendo hacerlo en la competencia deportiva. La guerra, al permitir mayor destrucción y crueldad parece satisfacer una necesidad que no debería alentar el orgullo de nuestra especie.

Que la manifestación patológica de la hostilidad se limite en su exteriorización contra los miembros de otro grupo y a duras penas se mantenga controlada dentro del grupo de pertenencia, es un esforzado logro no muy habitual ni duradero; lo que convierte en utopía la pretensión de una Justicia Social para la especie.

Es nuestra conducta cultural y no nuestro discurso cultural, la que delata nuestras intenciones. Todo eso para lograr el reconocimiento deseado. O para vengarse porque se lo niega. Esta manifestación de la competencia narcisista de la lucha por el poder puede variar de un momento a otro.

Su motivación puede ser la necesidad de ser reconocido como valioso, querible, con derecho a ser miembro del grupo. Y dentro del grupo, todos quieren estar arriba, lo que da derechos de distribuir deberes al resto, principalmente de tener que reconocer positivamente al que logra estar en el nivel más alto.

Pero también es un entrenamiento para el gran juego: la lucha de clases. De la Pasión a la Razón. Manfredo Teicher fredi pccp. Un paso sumamente difícil, quizás imposible. Mientras el juego está en primera plana, pretender que el ser humano imponga la razón allí donde la pasión embota los sentidos dando una excitante muestra de sublime idiotez pero elevando la autoestima a niveles envidiables, es, no sólo inútil sino arriesgado.

Esa misma pasión está ávida por encender la hoguera para un festín diabólico que difunda por los cuatro vientos el nauseabundo aroma de carne chamuscada ofrecida como absurdo sacrificio a la Estupidez disfrazada de Razón.

Para tal ritual sólo hace falta que alguien se abandere con la razón y se empeñe en no claudicar frente a la locura. Con este sencillo procedimiento el chivo emisario está listo para la inmolación. Los momentos en que las condiciones están dadas para que las irracionales motivaciones de la conducta se muestren sin disfraz alguno, son varios.

El enamoramiento es uno, igual que la guerra o un genocidio, a pesar del origen y la valoración tan dispar de uno y de los otros. Guerra en medio oriente. Ud, ¿a qué cuadro pertenece? No olvidemos que pertenecer tiene sus privilegios. Para eso hay que adoptar, ser fiel y defender incondicionalmente la conducta grupal.

Por definición, esa conducta no importa cuál debe ser avalada con argumentos indiscutibles que la propia inteligencia se esfuerza en expresar. Si pudiésemos hacerlo quizás nos preguntamos ¿porqué la guerra?

Escuchamos argumentos de ambos lados que justifican la conducta de unos y de otros. Ambos tienen sus razones para la guerra.

En , en El Malestar En La Cultura , Freud señala:. No debe menospreciarse la ventaja que brinda un círculo cultural más pequeño: ofrecer un escape a la pul­sión en la hostilización a los extraños.

El camino que recorramos positivamente será el progreso de ese proyecto que en el deporte se marca por las metas a obtener y la perfomance correspondiente.

La perfección así entendida es un motor que nos impulsa a la competencia con nosotros o con los otros. Pero bien, cuando hemos logrado un nivel propio de perfomance puede existir temporalmente la necesidad de descanso.

El cuál si es demasiado largo puede conformarnos perder el estímulo de mejoramiento. Será ésta una forma de derrota con múltiples y negativas consecuencias.

Numerosos estudios teóricos y observaciones empíricas han llegado a la conclusión que, el nivel de autoestima aumenta favorecido por la superación de la propia perfomance. También, como otras actividades, el hombre en el deporte puede llegar a demostrar que esta sujeto a reglas y leyes que son características de lo físico, lo psicológico y lo social.

Tener un cuerpo modelado, fuerte, activo, atractivo, es un ideal común a hombres y mujeres. Este aspecto se encuentra incrementado por valores culturales y la moda, siendo ésta última una especie de tiranía a la que hay que obedecer poder actuar dentro de ciertos y determinados núcleos.

Si uno posee este tipo de cuerpo impuesto por la sociedad, se siente aceptado e integrado ala misma. En el caso en que la persona no se corresponda con los patrones imperantes en esa cultura y si esta muy pendiente del reconocimiento de los otros, es posible que se produzcan en ella, sentimientos de exclusión, de marginación o de inferioridad.

Es casualmente este último sentimiento el que da lugar a una estructura personal deficitaria. Acorde con la ayuda que se le brinde a esa persona se obtendrá modificaciones positivas. Este tipo de ayuda bien puede proceder de tratamientos terapéuticos como desde el mismo campo de la actividad deportiva o bien de una integrada combinación de ambos.

Este tipo de personas tienen tanto a autocriticarse como a censurar a los otros, posee un bajo umbral de resistencia a las frustraciones o fracasos, se aíslan y reaccionan en forma exagerada a cualquier indicación que se les haga, son poco competitivos, en general rechazan la integración grupal, y estar al lado de ellos nos obliga a protegerlos.

Generalmente las personas que poseen sentimientos o complejos de ser inferiores, compiten pero desde un ángulo negativo. Se autoexcluyen y al no integrarse de hecho y aún sin desearlo concientemente sabotean tanto al equipo al que pertenecen como a la misma actividad.

Pueden llegar a ser, dependiendo de la estructura del grupo una especie de carga que los miembros del equipo soportan durante un tiempo, pero que en definitiva expulsarán del mismo. Aquel tipo de personas con conflictos de inferioridad que practican algún deporte pueden, no obstante llegar a canalizar en el mismo la agresividad que este complejo siempre produce ya como autoagresión o agresión dirigida hacia otros.

El deporte sirve así, entre sus otros beneficios, como una válvula de escape a la presión fisico-psíquica que, inclusive naturalmente acumulamos en la vida diaria. No necesariamente la agresión es dañina ya que la misma en forma coordinada sirve para la defensa personal y es un positivo sustrato para actividades que precisan de una cierta cuota de agresión.

Pero cuando la agresión no es derivada correctamente produce deterioros profundos en la estructura personal. En aquellas personas con una acentuada disminución de la autoestima, además de la necesaria ayuda específicamente terapéutica, la práctica de algún deporte accesible, le proveerá de un cierto autoreconocimiento o un reconocimiento por parte de los otros que favorecerían la adquisición del bienestar necesario para cada ser humano.

El deporte en mismo, puede hacer que una persona logre prestigio, se la valorice, se la acepte y reconozca. Salvo raras excepciones a un deportista verdadero se le conocen desviaciones psicológicas profundas, pero ante determinadas situaciones que superen su estructura pueden llegar a generársele conflictos que alteren el normal crecimiento profesional.

Por algún motivo razonable siempre se ha elogiado el papel terapéutico de la actividad deportiva. En todos aquellos casos que el entrenador haya percibido algún conflicto de inferioridad en el atleta que haya disminuido su autoestima e incrementado negativamente sus aspectos competitivos, no solo podrá ayudarlo derivándolo al profesional especializado sino que sería conveniente le pautara metas posibles, reales y susceptibles de ser logradas con el objeto de no introducir en la vida de ese deportista, otros niveles que le incrementen su angustia al no poder obtener el éxito esperado acorde con los objetivos propuestos.

En este aspecto la relación entrenador atleta debe ser sutil y delicada y a medida que el atleta va venciendo ciertas inhibiciones se podrá ir incrementando su nivel de aspiraciones en vistas al logro de un mejor rendimiento. En las personalidades con complejo de inferioridad se pueden encontrar los siguientes procesos: En las personalidades con complejo de inferioridad se pueden encontrar los siguientes puntos que conforman un desarrollo progresivo dentro de un proceso de naturaleza inconsciente:.

Y que sucede cuando el equipo o el atleta pierde? El mismo público por identificación masiva puede sentirse un perdedor y volcar el enojo contra el entrenador un chivo emisario siempre a mano o bien sobre el equipo.

También este público por medio de las, a veces más extravagantes racionalizaciones se defiende de la derrota.. La cosa es, no sentirse un perdedor, no sentirse inferior.

En toda la historia de los deportes, glorificar al que gana y rechazar, castigar al que pierde es un lugar común. Estos datos permiten inferir que si bien existen la razón y los deportes racionales, la emoción es la que juega un papel tan primordial como fundamental.

Cuando hablamos de personalidad competitiva deberíamos definir cuál es al concepto de personalidad al que nos referiremos. Entendemos a la personalidad como aquello singular del hombre que emerge desde su individualidad en relación directa con el medio ambiente con el interactúa activamente.

Desde siempre el hombre estuvo involucrado con otros semejantes, lo hace innatamente un ser social. Muchos son los intentos de abarcar con un solo término la multiplicidad de factores que hacen al criterio de personalidad. Entre ellos encontramos una histórica diferenciación entre temperamento y carácter.

El primero lo será para lo fijo, corporal, heredado, mientras que el segundo está reservado para lo exclusivamente psicológico. Además cada persona tiene una vivencia del placer diferente, una forma diferente de vivir lo placentero.

La edad, el nivel socio económico, la cultura, la posibilidad del tiempo de ocio, son también factores co-determinantes en la elección y la práctica de los deportes. Hay ciertos deportes cuya cuota de placer está en lo social que se puede encontrar en ellos, o bien están aquellos deportes que son utilizados como forma de negociación tanto económica como profesional.

Tampoco puede tan ligeramente decirse que si la persona es extrovertida será más competitiva ya que existen deportes en los que la introversión necesaria para la atención y la concentración, el golf por ejemplo, es un factor predominante para lograr que la actividad sea exitosa.

Estos dos tipos de personalidad, la extrovertida y la introvertida se presentan en forma pura y existe la posibilidad de que varíen y o se complemente.

De cualquier modo, acorde con la estructura de personalidad se eligirán unos y no otros deportes y el nivel de competitividad estará determinado por aspectos íntimos de esta estructura y los factores externos que la estimulen positivamente.

Desde La más tierna infancia se modelan este tipo de temperamentos y caracteres, altamente determinados por el núcleo familiar y las primeras instituciones escuela, iglesia a las que accede el niño. Pero también en el club, el deporte operará como un modificador, contenedor y canalizador del temperamento y carácter infantil.

Otras formas de competencia se aprenden de los adultos en sus vidas. La competencia por sí misma no es mala. El concepto básico se capta desde muy temprano a través de la rivalidad entre hermanos. Los niños pueden empezar con los deportes organizados a los 3 a 4 años.

La competencia saludable es buena para el aprendizaje. Los niños aprenden varias destrezas como la cooperación con otros, las reglas del juego, desarrollan destrezas para resolver problemas, y cómo fijarse metas. Los niños menores de 4 años que pueden ser muy chicos para jugar juegos muy competitivos, pueden jugar juegos donde socializan con otros niños.

Pueden jugar juegos como sillas musicales, pasarse la pelota o inclusive deportes organizados como el fútbol donde todos tienen la oportunidad de jugar. Introducir juegos competitivos a los niños cuando ya están listos tiene muchas ventajas. Aprenden que en la vida hay competencia y están mejor equipados para manejar estas situaciones.

También pueden fomentar la cooperación entre todos. La competencia saludable tiene muchas ventajas para el desarrollo de los niños. Para conocer más acerca de este tema, conversamos con la doctora psiquiatra Natalia Trencci.

Es importante que los niños aprendan a competir consigo mismos, que se juegue un deporte con el único propósito de ganarle al otro es una visión más profesional del deporte, creo que en los niños debería ser practicado como una herramienta que sirva para aprender cosas útiles para la vida, además de desarrollar habilidades físicas, por esto es que recomiendo que la mayor competencia se incentive con uno mismo y no con otro.

Muchas veces es importante para los niños ser "el mejor" porque los adultos les inculcan eso, ser en número uno, y eso es ejercer una presión terrible que estresa a los chicos. Si le preguntamos a los pediatras, seguramente afirmarán que están cansados de recibir niños con dolores de cabeza, de panza o muy nerviosos, y son todas manifestaciones de estrés que provoca una baja en su calidad de vida y su bienestar emocional.

Así como hay niños que quieren ganar en todo, hay otros que no les importa ganar o perder, ¿es bueno que no sientan la competencia? Si se plantea que un niño juega a algo y sobre todo le importa divertirse y no se pone mal si gana o pierde me parece muy bien porque puede rescatar lo importante del juego y no quedarse intoxicado con el resultado del mismo.

Si por otro lado, se plantea que un niño juega y no le importa nada, eso genera una alerta porque quizá a ese chico las cosas le estén preocupando muy poco, quizá este vibrando poco o no le estén llegando las experiencias de la vida o quizá el decir "No me importa si gano o pierdo" es porque de antemano cree que va a perder, porque se siente un perdedor, por lo que dice que no le importa o no le interesa.

Frente a un niño con esa característica, ¿los padres deberían consultar? A mi criterio la consulta en salud mental tendría que ser igual que ir al pediatra, para poder ir consultando y recibiendo asesoría en el estilo de crianza y en las distintas etapas que hay que ir enfrentando en la vida, a veces una consulta especializada o buscando material para leer e informarse de otra manera.

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Se puede competir con uno mismo superando sus propias marcas, o las de otros deportistas, se puede competir individualmente o grupalmente La fantasía compite con la realidad, tan imprescindible como aquella para conservar una frágil y delicada salud mental. En el centro de la 1. La competencia genera ansiedad · 2. La competencia es clasificadora y excluyente · 3. La competencia desestimula el intercambio de ideas

Competir Fantasía Competencia - Competir es sano. La competencia es un impulso innato de crecimiento. Viene del latín 'competere' que significa "aspirar a algo más", es Se puede competir con uno mismo superando sus propias marcas, o las de otros deportistas, se puede competir individualmente o grupalmente La fantasía compite con la realidad, tan imprescindible como aquella para conservar una frágil y delicada salud mental. En el centro de la 1. La competencia genera ansiedad · 2. La competencia es clasificadora y excluyente · 3. La competencia desestimula el intercambio de ideas

El deporte en mismo, puede hacer que una persona logre prestigio, se la valorice, se la acepte y reconozca. Salvo raras excepciones a un deportista verdadero se le conocen desviaciones psicológicas profundas, pero ante determinadas situaciones que superen su estructura pueden llegar a generársele conflictos que alteren el normal crecimiento profesional.

Por algún motivo razonable siempre se ha elogiado el papel terapéutico de la actividad deportiva. En todos aquellos casos que el entrenador haya percibido algún conflicto de inferioridad en el atleta que haya disminuido su autoestima e incrementado negativamente sus aspectos competitivos, no solo podrá ayudarlo derivándolo al profesional especializado sino que sería conveniente le pautara metas posibles, reales y susceptibles de ser logradas con el objeto de no introducir en la vida de ese deportista, otros niveles que le incrementen su angustia al no poder obtener el éxito esperado acorde con los objetivos propuestos.

En este aspecto la relación entrenador atleta debe ser sutil y delicada y a medida que el atleta va venciendo ciertas inhibiciones se podrá ir incrementando su nivel de aspiraciones en vistas al logro de un mejor rendimiento. En las personalidades con complejo de inferioridad se pueden encontrar los siguientes procesos: En las personalidades con complejo de inferioridad se pueden encontrar los siguientes puntos que conforman un desarrollo progresivo dentro de un proceso de naturaleza inconsciente:.

Y que sucede cuando el equipo o el atleta pierde? El mismo público por identificación masiva puede sentirse un perdedor y volcar el enojo contra el entrenador un chivo emisario siempre a mano o bien sobre el equipo.

También este público por medio de las, a veces más extravagantes racionalizaciones se defiende de la derrota.. La cosa es, no sentirse un perdedor, no sentirse inferior.

En toda la historia de los deportes, glorificar al que gana y rechazar, castigar al que pierde es un lugar común. Estos datos permiten inferir que si bien existen la razón y los deportes racionales, la emoción es la que juega un papel tan primordial como fundamental.

Cuando hablamos de personalidad competitiva deberíamos definir cuál es al concepto de personalidad al que nos referiremos. Entendemos a la personalidad como aquello singular del hombre que emerge desde su individualidad en relación directa con el medio ambiente con el interactúa activamente.

Desde siempre el hombre estuvo involucrado con otros semejantes, lo hace innatamente un ser social. Muchos son los intentos de abarcar con un solo término la multiplicidad de factores que hacen al criterio de personalidad.

Entre ellos encontramos una histórica diferenciación entre temperamento y carácter. El primero lo será para lo fijo, corporal, heredado, mientras que el segundo está reservado para lo exclusivamente psicológico.

Además cada persona tiene una vivencia del placer diferente, una forma diferente de vivir lo placentero. La edad, el nivel socio económico, la cultura, la posibilidad del tiempo de ocio, son también factores co-determinantes en la elección y la práctica de los deportes.

Hay ciertos deportes cuya cuota de placer está en lo social que se puede encontrar en ellos, o bien están aquellos deportes que son utilizados como forma de negociación tanto económica como profesional.

Tampoco puede tan ligeramente decirse que si la persona es extrovertida será más competitiva ya que existen deportes en los que la introversión necesaria para la atención y la concentración, el golf por ejemplo, es un factor predominante para lograr que la actividad sea exitosa.

Estos dos tipos de personalidad, la extrovertida y la introvertida se presentan en forma pura y existe la posibilidad de que varíen y o se complemente.

De cualquier modo, acorde con la estructura de personalidad se eligirán unos y no otros deportes y el nivel de competitividad estará determinado por aspectos íntimos de esta estructura y los factores externos que la estimulen positivamente. Desde La más tierna infancia se modelan este tipo de temperamentos y caracteres, altamente determinados por el núcleo familiar y las primeras instituciones escuela, iglesia a las que accede el niño.

Pero también en el club, el deporte operará como un modificador, contenedor y canalizador del temperamento y carácter infantil. Los niños al competir tanto desde los juegos como desde los deportes adecuados a sus posibilidades, van paulatinamente desarrollando habilidades físicas y psicológicas con las que a posteriori podría manejarse con mayor facilidad y éxito en la vida adulta.

Al respecto faltarían estudios que confirmasen o no la presente hipótesis. Pero, hoy ya nadie niega la fundamental importancia del deporte como recreación y como formador de conductas positivas. El hecho que el niño prefiera juegos individuales o grupales nos permitiría suponer que a posteriori se dedicaría a la práctica de deportes de similares características, aunque ésta es una hipótesis que merecería ser corroborada.

De hecho el favorecer en el niño el juego-deporte grupales podría incidir en el proceso de socialización y de democratización.

Todas aquellas personas que realizan actividades deportivas grupales, aprenden a manejar más hábilmente sus capacidades competitivas.

Al mismo tiempo, en un equipo no se tendrán en cuenta las diferencias religiosas, sociales, raciales, económicas. Cuando el equipo compite estas diferencias tienden a neutralizarse en pos del objetivo común, el éxito del grupo. La tolerancia, la comprensión, el espíritu de cuerpo encontrados en los equipos deportivos, modifican la estructura individual de cada jugador permitiéndole canalizar sus aspectos negativos dentro de un marco competitivo integral e integrante.

Siempre un equipo será más atrayente para las grandes masas. En los deportes en los que actúa más de una persona es más fácil identificarse y ser uno de los que juegan. En estos equipos el niño no solo aprenderán reglas que regulan su personalidad individual sino que lo integra a un grupo que puede obtener con más facilidad el reconocimiento del público, entre quienes se encontrará el padre y familiares así como profesores y amigos, lo cuál aumenta en forma consecuente su autoestima.

Si la actividad deportiva favorece el desarrollo del niño por consecuencia directa favorecerá la misma estructura familiar y cuando más significativa serán entonces aquel deporte practicado por toda la familia. Le brecha generaciones será atenuada y jerarquizado mucho más el factor integración que el factor etario.

Competir es un verbo que se asocia con muchos otros, sobre vivir, jugar, sentir placer, obtener poder, reconocer, reconocerse, descargar agresividad, canalizar déficit personales, crecer, etc.

Pero, dependerá de la forma positiva o no en que compitamos que la competencia beneficiará nuestra vida. Como la competencia es una actividad integral, todo el sistema personal está en juego. Son tantos los verbos que acompañan a competir que podríamos arriesgarnos a decir que la misma vida es competencia , pero una competencia con valores, reglas, tradiciones y modelos de conducta que le hacen desarrollar al ser humano, un profundo sentido de dignidad y equilibrio.

Durante el tiempo de la competencia existe una acentuada tensión que en las personas podría ser vivenciada como una molestia o como un incentivo. Esa pérdida momentánea del equilibrio referido anteriormente, obligará a intentar recuperarlo por lo cuál esa tensión serviría de soporte y de sentido.

En todos estos deportes, el ser humano se prueba una y otra vez. Cuando se estudia profundamente la naturaleza humana, se podrá observar que existe en todos los hombres, en algunos más en otros menos, una necesidad constante de saber, de comprender aquello que se le presenta diferente, arriesgado y por tal atrayente.

Es aquí donde encontraremos que, ante un mismo deporte emergen diferentes estilos los que están en arreglo a sus personalidades, habilidades, adiestramiento realizado y posibilidades exógenas. Pero también es un entrenamiento para el gran juego: la lucha de clases. De la Pasión a la Razón.

Manfredo Teicher fredi pccp. Un paso sumamente difícil, quizás imposible. Mientras el juego está en primera plana, pretender que el ser humano imponga la razón allí donde la pasión embota los sentidos dando una excitante muestra de sublime idiotez pero elevando la autoestima a niveles envidiables, es, no sólo inútil sino arriesgado.

Esa misma pasión está ávida por encender la hoguera para un festín diabólico que difunda por los cuatro vientos el nauseabundo aroma de carne chamuscada ofrecida como absurdo sacrificio a la Estupidez disfrazada de Razón.

Para tal ritual sólo hace falta que alguien se abandere con la razón y se empeñe en no claudicar frente a la locura. Con este sencillo procedimiento el chivo emisario está listo para la inmolación. Los momentos en que las condiciones están dadas para que las irracionales motivaciones de la conducta se muestren sin disfraz alguno, son varios.

El enamoramiento es uno, igual que la guerra o un genocidio, a pesar del origen y la valoración tan dispar de uno y de los otros. Guerra en medio oriente. Ud, ¿a qué cuadro pertenece? No olvidemos que pertenecer tiene sus privilegios. Para eso hay que adoptar, ser fiel y defender incondicionalmente la conducta grupal.

Por definición, esa conducta no importa cuál debe ser avalada con argumentos indiscutibles que la propia inteligencia se esfuerza en expresar.

Si pudiésemos hacerlo quizás nos preguntamos ¿porqué la guerra? Escuchamos argumentos de ambos lados que justifican la conducta de unos y de otros.

Ambos tienen sus razones para la guerra. En , en El Malestar En La Cultura , Freud señala:. No debe menospreciarse la ventaja que brinda un círculo cultural más pequeño: ofrecer un escape a la pul­sión en la hostilización a los extraños. Siempre es posible ligar en el amor a una multitud mayor de seres humanos con tal que otros queden fuera para manifestar­les la agresión.

En una ocasión me ocupé del fenómeno de que justamente comunidades vecinas y aun muy próximas en todos los aspectos se hostilizan y escarnecen: así españoles y portugueses, alemanes del Norte y del Sur, ingleses y escoceses, etc. Le di el nombre de "narcisismo de las pequeñas diferencias" que no aclara mucho las cosas.

Parecería que la primera observación responde a la pregunta que sugiere la segunda. La guerra es una excelente solución para la economía psíquica. El Deseo se convierte en un Deber.

La satisfacción del deber cumplido evita un muy molesto sentimiento de culpa. Destruir al enemigo de turno merece envidiables medallas. Es ampliamente conocido y aceptado que la pobreza y la miseria predisponen a la guerra, a los genocidios y al terrorismo.

Entonces, si se pretende la paz ¿no habría que solucionar el conflicto que plantean las diferencias de clase, tanto dentro de un grupo como entre grupos naciones?

Pero esas diferencias, a pesar de la enorme capacidad de adaptación del animal humano, se empecinan en resistirse a un favorable cambio.

Sí, la hipocresía es necesaria. Venezuela The economist The Washington Post Realeza Opinión. Últimas Noticias. Qué puedo ver. Malditos Nerds. Juegos Nuevo. Bienvenido Por favor, ingresa a tu cuenta. Últimas Noticias Coronavirus Crisis en Afganistán Tendencias Selección Cultuea.

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No necesitas competir con ellos, solitos mandaran al carajo su relación con la chica por la que compiten, el tema está en porque querrías tu Se puede competir con uno mismo superando sus propias marcas, o las de otros deportistas, se puede competir individualmente o grupalmente Se puede competir con uno mismo superando sus propias marcas, o las de otros deportistas, se puede competir individualmente o grupalmente: Competir Fantasía Competencia





















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Clase de posing - Bikini Fitness - By Ginna Pedrós La competencia en el deporte

Competir Fantasía Competencia - Competir es sano. La competencia es un impulso innato de crecimiento. Viene del latín 'competere' que significa "aspirar a algo más", es Se puede competir con uno mismo superando sus propias marcas, o las de otros deportistas, se puede competir individualmente o grupalmente La fantasía compite con la realidad, tan imprescindible como aquella para conservar una frágil y delicada salud mental. En el centro de la 1. La competencia genera ansiedad · 2. La competencia es clasificadora y excluyente · 3. La competencia desestimula el intercambio de ideas

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Que la manifestación patológica de la hostilidad se limite en su exteriorización contra los miembros de otro grupo y a duras penas se mantenga controlada dentro del grupo de pertenencia, es un esforzado logro no muy habitual ni duradero; lo que convierte en utopía la pretensión de una Justicia Social para la especie.

Es nuestra conducta cultural y no nuestro discurso cultural, la que delata nuestras intenciones. Todo eso para lograr el reconocimiento deseado.

O para vengarse porque se lo niega. Esta manifestación de la competencia narcisista de la lucha por el poder puede variar de un momento a otro. Su motivación puede ser la necesidad de ser reconocido como valioso, querible, con derecho a ser miembro del grupo.

Y dentro del grupo, todos quieren estar arriba, lo que da derechos de distribuir deberes al resto, principalmente de tener que reconocer positivamente al que logra estar en el nivel más alto. Pero también es un entrenamiento para el gran juego: la lucha de clases. De la Pasión a la Razón. Manfredo Teicher fredi pccp.

Un paso sumamente difícil, quizás imposible. Mientras el juego está en primera plana, pretender que el ser humano imponga la razón allí donde la pasión embota los sentidos dando una excitante muestra de sublime idiotez pero elevando la autoestima a niveles envidiables, es, no sólo inútil sino arriesgado.

Esa misma pasión está ávida por encender la hoguera para un festín diabólico que difunda por los cuatro vientos el nauseabundo aroma de carne chamuscada ofrecida como absurdo sacrificio a la Estupidez disfrazada de Razón. Para tal ritual sólo hace falta que alguien se abandere con la razón y se empeñe en no claudicar frente a la locura.

Con este sencillo procedimiento el chivo emisario está listo para la inmolación. Los momentos en que las condiciones están dadas para que las irracionales motivaciones de la conducta se muestren sin disfraz alguno, son varios.

El enamoramiento es uno, igual que la guerra o un genocidio, a pesar del origen y la valoración tan dispar de uno y de los otros. Guerra en medio oriente.

Ud, ¿a qué cuadro pertenece? No olvidemos que pertenecer tiene sus privilegios. Para eso hay que adoptar, ser fiel y defender incondicionalmente la conducta grupal. Por definición, esa conducta no importa cuál debe ser avalada con argumentos indiscutibles que la propia inteligencia se esfuerza en expresar.

Si pudiésemos hacerlo quizás nos preguntamos ¿porqué la guerra? Escuchamos argumentos de ambos lados que justifican la conducta de unos y de otros. Ambos tienen sus razones para la guerra.

En , en El Malestar En La Cultura , Freud señala:. No debe menospreciarse la ventaja que brinda un círculo cultural más pequeño: ofrecer un escape a la pul­sión en la hostilización a los extraños. Siempre es posible ligar en el amor a una multitud mayor de seres humanos con tal que otros queden fuera para manifestar­les la agresión.

En una ocasión me ocupé del fenómeno de que justamente comunidades vecinas y aun muy próximas en todos los aspectos se hostilizan y escarnecen: así españoles y portugueses, alemanes del Norte y del Sur, ingleses y escoceses, etc. Le di el nombre de "narcisismo de las pequeñas diferencias" que no aclara mucho las cosas.

Parecería que la primera observación responde a la pregunta que sugiere la segunda. La guerra es una excelente solución para la economía psíquica. El Deseo se convierte en un Deber. La satisfacción del deber cumplido evita un muy molesto sentimiento de culpa. Destruir al enemigo de turno merece envidiables medallas.

Es ampliamente conocido y aceptado que la pobreza y la miseria predisponen a la guerra, a los genocidios y al terrorismo. Entonces, si se pretende la paz ¿no habría que solucionar el conflicto que plantean las diferencias de clase, tanto dentro de un grupo como entre grupos naciones?

Pero esas diferencias, a pesar de la enorme capacidad de adaptación del animal humano, se empecinan en resistirse a un favorable cambio.

Sí, la hipocresía es necesaria. Hoy, la utopía ecológica reemplaza con incierto resultado a la utopía socialista. Aunque la tecnología que avanza vertiginosamente podría solucionar los problemas que impiden que esta utopía deje de serlo.

En cambio el problema que plantea la lucha de clases parece imposible de resolver. El culpable del desatino del terrorismo y de la guerra es la condición humana, que no se puede cambiar. Todos los que intervienen en guerras, genocidios o actos terroristas, son criaturas humanas.

Mientras, la cultura humana insiste en su mensaje:. Y no cabe duda que muchos lo logren. Inicios mensuales. Duración: 12 meses.

By Tezuru

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