Experiencias de Riqueza y Aventuras

Por eso, Colón describe a los indígenas como desconocedores del hierro y las armas de fuego, como seres a los cuales se puede conquistar y cristianizar fácilmente para la gloria de la Iglesia, de España y de los Reyes Católicos.

En estos términos, la religiosidad del Almirante consistía en creer que él era el elegido de Dios para encontrar riquezas, no para propagar el cristianismo.

Otro aspecto que debe tomarse en cuenta al estudiar las narraciones colombinas son las descripciones de todas las tierras que el Almirante encuentra a lo largo de su navegación.

El procedimiento descriptivo de Colón se basa en analogías. Así, sus narraciones del paisaje sufren una reducción al ser trasladadas a los parámetros españoles. Los árboles americanos en vez de ser descritos por sus particularidades propias son comparados con los de España en el mes de mayo, y las aves que vuelan sobre el navío son identificadas con los ruiseñores.

Es posible que Cristóbal Colón careciese de modelos literarios previos para describir la realidad americana, por lo tanto, recurrió a estas reducciones y comparaciones de la flora y fauna autóctona.

La verdad es que Colón nunca supo mirar realmente al Nuevo Mundo. En conclusión, los temas que presentan los escritos de Colón sobre el encuentro, la representación de los habitantes del Nuevo Mundo, la descripción de la naturaleza americana, la búsqueda de oro enmascarada bajo la pretendida evangelización y los mitos y leyendas que cegaron a los europeos una percepción auténtica del continente americano fueron temas que alimentaron el imaginario de cientos de cronistas del Nuevo Mundo, todos con las ansias de aventuras y riquezas en aquel supuesto paraíso.

Actividades sobre la introducción :. Vocabulario en contexto : Después de leer la introducción, define, en español y con tus propias palabras, los siguientes términos:. Texto primario : Diario de Cristóbal Colón, de su primer viaje a las Indias.

Del 3 de agosto de al 15 de marzo de In Nomine Domini Nostri Jesu Christi. Vuestras Altezas, como católicos cristianos y Príncipes amadores de la santa fe cristiana y acrecentadores de ella, y enemigos de la secta de Mahoma y de todas idolatrías y herejías, pensaron de enviarme a mí, Cristóbal Colón, a las dichas partidas de India para ver a los dichos príncipes, y los pueblos y tierras y la disposición de ellas y de todo, y la manera que se pudiera tener para la conversión de ellas a nuestra santa fe; y ordenaron que yo no fuese por tierra al Oriente, por donde se acostumbra de andar, salvo por el camino de Occidente, por donde hasta hoy no sabemos por cierta fe que haya pasado nadie.

Así que, después de haber echado fuera todos los judíos de vuestros reinos y señoríos en el mismo mes de enero mandaron Vuestras Altezas a mí que con armada suficiente me fuese a las dichas partidas de India; y para ello me hicieron grandes mercedes y me ennoblecieron que dende en adelante yo me llamase Don, y fuese Almirante Mayor de la Mar Océana y Virrey y Gobernador perpetuo de todas las islas y tierra firme que yo descubriese y ganase, y de aquí en adelante se descubriesen y ganasen en la Mar Océana, y así me sucediese mi hijo mayor, y así de grado en grado para siempre jamás.

Y partí yo de la ciudad de Granada a doce días del mes de mayo del mismo año de , en sábado. Vine a la villa de Palos, que es puerto de mar, adonde armé yo tres navíos muy aptos para semejante hecho, y partí del dicho puerto muy abastecido de muy muchos mantenimientos y de mucha gente de la mar, a tres días del mes de agosto del dicho año, en un viernes, antes de la salida del sol con media hora, y llevé el camino de las islas de Canaria de Vuestras Altezas, que son en la dicha Mar Océana, para de allí tomar mi derrota y navegar tanto que yo llegase a las Indias, y dar la embajada de Vuestras Altezas a aquellos Príncipes y cumplir lo que así me habían mandado; y para esto pensé de escribir todo este viaje muy puntualmente de día en día todo lo que hiciese y viese y pasase, como adelante se verá.

También, Señores Príncipes, allende de escribir cada noche lo que el día pasare, y el día lo que la noche navegare, tengo propósito de hacer carta nueva de navegar, en la cual situaré toda la mar y tierras del Mar Océano en sus propios lugares, debajo su viento, y más, componer un libro, y poner todo por el semejante por pintura, por latitud del equinoccial y longitud del Occidente; y sobre todo cumple mucho que yo olvide el sueño y tiente mucho el navegar, porque así cumple, las cuales serán gran trabajo.

Martes, 9 de octubre. Navegó al Sudoeste. Anduvo cinco leguas; mudóse el viento y corrió al Oeste cuarta al Noroeste, y anduvo cuatro leguas. Después con todas once leguas de día y a la noche veinte leguas y media.

Contó a la gente diecisiete leguas. Toda la noche oyeron pasar pájaros. Jueves, 11 de octubre. Navegó al Oessudoeste. Tuvieron mucha mar y más que en todo el viaje habían tenido. Vieron pardelas y un junco verde junto a la nao. Vieron los de la carabela Pinta una caña y un palo y tomaron otro palillo labrado a lo que parecía con hierro, y un pedazo de caña y otra hierba que nace en tierra, y una tablilla.

Los de la carabela Niña también vieron otras señales de tierra y un palillo cargado de escaramojos. Con estas señales respiraron y alegráronse todos. Anduvieron en este día, hasta puesto el sol, veintisiete leguas. Después del sol puesto, navegó a su primer camino, al Oeste; andarían doce millas cada hora y hasta dos horas después de media noche andarían noventa millas, que son veintidós leguas y media.

Y porque la carabela Pinta era más velera e iba delante del Almirante, halló tierra e hizo las señas que el Almirante había mandado. Esta tierra vio primero un marinero que se decía Rodrigo de Triana ; puesto que el Almirante, a las diez de la noche, estando en el castillo de popa, vio lumbre, aunque fue cosa tan cerrada que no quiso afirmar que fuese tierra; pero llamó a Pedro Gutiérrez, repostero de estrados del Rey, y díjole que parecía lumbre, que mirase él, y así lo hizo y viola; díjole también a Rodrigo Sánchez de Segovia, que el Rey y la Reina enviaban en el armada por veedor, el cual no vio nada porque no estaba en lugar do la pudiese ver.

Después de que el Almirante lo dijo, se vio una vez o dos, y era como una candelilla de cera que se alzaba y levantaba, lo cual a pocos pareciera ser indicio de tierra. Pero el Almirante tuvo por cierto estar junto a la tierra.

Por lo cual, cuando dijeron la Salve, que la acostumbraban decir y cantar a su manera todos los marineros y se hallan todos, rogó y amonestólos el Almirante que hiciesen buena guarda al castillo de proa, y mirasen bien por la tierra, y que al que le dijese primero que veía tierra le daría luego un jubón de seda, sin las otras mercedes que los Reyes habían prometido, que eran diez mil maravedís de juro a quien primero la viese.

A las dos horas después de media noche pareció la tierra de la cual estarían dos leguas Amañaron todas las velas, y quedaron con el treo, que es la vela grande sin bonetas, y pusiéronse a la corda, temporizando hasta el día viernes, que llegaron a una islita de los Lucayos, que se llamaba en lengua de indios Guanahaní.

Luego vinieron gente desnuda, y el Almirante salió a tierra en la barca armada, y Martín Alonso Pinzón y Vicente Yáñez, su hermano, que era capitán de la Niña.

Sacó el Almirante la bandera real y los capitanes con dos banderas de la Cruz Verde, que llevaba el Almirante en todos los navíos por seña, con una F y una Y: encima de cada letra su corona, una de un cabo de la cruz y otra de otro.

Puestos en tierra vieron árboles muy verdes y aguas muchas y frutas de diversas maneras. El Almirante llamó a los dos capitanes y a los demás que saltaron en tierra, y a Rodrigo de Escobedo, escribano de toda el armada, y a Rodrigo Sánchez de Segovia, y dijo que le diesen por fe y testimonio cómo él por ante todos tomaba, como de hecho tomó, posesión de la dicha isla por el Rey y por la Reina sus señores, haciendo las protestaciones que se requerían, como más largo se contiene en los testimonios que allí se hicieron por escrito.

Luego se ajuntó allí mucha gente de la isla. Esto que se sigue son palabras formales del Almirante, en su libro de su primera navegación y descubrimiento de estas Indias.

Los cuales después venían a las barcas de los navíos adonde nos estábamos, nadando, y nos traían papagayos e hilo de algodón en ovillos y azagayas y otras cosas muchas, y nos las trocaban por otras cosas que nos les dábamos, como cuentecillas de vidrio y cascabeles.

En fin, todo tomaban y daban de aquello que tenían de buena voluntad. Mas me pareció que era gente muy pobre de todo.

Ellos andan todos desnudos como su madre los parió, y también las mujeres, aunque no vi más de una harto moza. Y todos los que yo vi eran todos mancebos, que ninguno vi de edad de más de treinta años: muy bien hechos, de muy hermosos cuerpos y muy buenas caras: los cabellos gruesos casi como sedas de cola de caballo, y cortos: los cabellos traen por encima de las cejas, salvo unos pocos detrás que traen largos, que jamás cortan.

De ellos se pintan de prieto, y ellos son de la color de los canarios ni negros ni blancos, y de ellos se pintan de blanco, y de ellos de colorado, y de ellos de lo que hallan, y de ellos se pintan las caras, y de ellos todo el cuerpo, y de ellos solos los ojos, y de ellos sólo el nariz.

Ellos no traen armas ni las conocen, porque les mostré espadas y las tomaban por el filo y se cortaban con ignorancia. No tienen algún hierro: sus azagayas son unas varas sin hierro, y algunas de ellas tienen al cabo un diente de pez, y otras de otras cosas.

Ellos todos a una mano Son de buena estatura de grandeza y buenos gestos, bien hechos. Yo vi algunos que tenían señales de heridas en sus cuerpos, y les hice señas qué era aquello, y ellos me mostraron cómo allí venían gente de otras islas que estaban cerca y les querían tomar y se defendían.

Y yo creí y creo que aquí vienen de tierra firme a tomarlos por cautivos. Ellos deben ser buenos servidores y de buen ingenio, que veo que muy presto dicen todo lo que les decía, y creo que ligeramente se harían cristianos; que me pareció que ninguna secta tenían. Yo, placiendo a Nuestro Señor, llevaré de aquí al tiempo de mi partida seis a Vuestras Altezas para que aprendan a hablar.

Ninguna bestia de ninguna manera vi, salvo papagayos, en esta isla. Sábado, 13 de octubre. Las piernas muy derechas, todos a una mano, y no barriga, salvo muy bien hecha. Ellos vinieron a la nao con almadías, que son hechas del pie de un árbol, como un barco luengo, y todo de un pedazo, y labrado muy a maravilla, según la tierra, y grandes, en que en algunas venían cuarenta o cuarenta y cinco hombres, y otras más pequeñas, hasta haber de ellas en que venía un solo hombre.

Remaban con una pala como de hornero, y anda a maravilla; y si se le trastorna, luego se echan todos a nadar y la enderezan y vacían con calabazas que traen ellos. Yo me regocijé profundamente cuando vi estas cosas y no escatimé esfuerzos para descubrir de dónde las conseguían Cuando la euforia tras la toma de Granada animó a los Reyes Católicos a aceptar la nueva ruta a las Indias que les ofrecía el navegante genovés, el ánimo de lucro aliñado luego con el afán de gloria y el propósito evangelizador , funcionó como el mejor de los acicates.

Persiguiendo móviles económicos, mercantiles y políticos, Colón creía dirigirse a las ricas tierras de Cipango y Cathay, pero sin llegar a saberlo se topó con América y su oro. Los conquistadores posteriores contemplaron cómo los jefes indígenas de Centro y Sudamérica se adornaban con objetos de este metal precioso y se propusieron encontrar de dónde salía.

Tanto en su afán por capturar esclavos Colón mandó a la Corte para trabajar en minas y plantaciones, como en su incansable búsqueda de oro, plata, perlas, piedras preciosas y joyas, los conquistadores actuaron con una gran crueldad, amplificada luego por la leyenda negra propagada por las élites del centro y norte de Europa.

Pero la violencia extrema usada por los españoles no era una excepción criminal, sino norma común en las guerras de la época, como nos recuerda el historiador francés Bartolomé Bennassar en su libro La España del Siglo de Oro , donde narra como ejemplo l os expeditivos métodos de amedrentamiento utilizados por Symphorien de Dufort en las guerras de religión francesas, al hacer explotar a las mujeres católicas de Agen después de haberles rellenado el sexo con pólvora, mientras que en su rival, el mariscal de Francia Blaise de Monluc, hizo cocer a fuego lento a hugonotes, hombres y mujeres, capturados en la villa de Penne.

Fueron muchas las exploraciones tierra adentro organizadas por los españoles, quienes, tenaces y brutales, se enfrentaron a no pocas tribus indígenas en una carrera en pos de sus riquezas. Ésta se vio reavivada por la conquista del imperio azteca por parte de Hernán Cortés, que consiguió allí un tesoro de Cayó luego, a manos de Francisco Pizarro, el aún más rico imperio de los incas, y su derrumbe nos brindó la historia en la que quizás mejor se amalgamen la sed de oro y la crueldad inherente a querer calmarla.

Nos cuenta Francisco López de Gomara cómo Atahualpa, el último soberano inca, al verse cautivo de los españoles, se comprometió a comprar su libertad llenando la habitación en la que se encontraba de oro y plata hasta la altura a la que llegase con su brazo extendido.

Pero antes de que la estancia fuese colmada, Pizarro dio garrote al inca en Cajamarca un 26 de julio de , pensando que así tendría menos resistencia para conquistar aquellas tierras. Tras pesar el rescate de Atahualpa, resultó ser de A comienzos de , un cronista español, el madrileño Francisco González de Oviedo, echó más leña al fuego de la codicia plasmando por escrito la leyenda recogida de indios y soldados que hablaba de un gran señor «que anda continuamente cubierto de polvo de oro tan fino como la sal cada mañana se embadurna con una resina que pega muy bien.

El oro en polvo se adhiere a esta goma hasta que todo su cuerpo está cubierto desde las plantas de sus pies a la cabeza».

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1492: La sed de oro de los conquistadores

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Lazebo, exaltando la obra de Jiménez , lo presenta como el descubridor de un reino "que es tan rico como los demás, por la mucha riqueza que este reino ha dado a su magestad y las muchas piedras esmeraldas que en el se han descubierto de tanto valor y prescio" Probanza, , fol.

El discurso, tendiente aquí hacia la comparación con la conquista de "otros reinos", no se corresponde con la verdad, en la medida en que el oro y la riqueza de la Nueva Granada no era equiparable -como ya lo hemos visto- a lo aportado por el Perú o la Nueva España.

Si esto era así, centrémonos ahora sobre el segundo interrogante antes formulado: ¿Qué finalidad tenía, a pesar de las penurias y trabajos, intentar pacificar y conseguir oro en tierras inhóspitas donde era casi seguro que no se hallaría excesiva riqueza?

En la medida en que Jiménez de Quesada había llegado a su vejez sin consolidar el dorado sueño que lo había impulsado desde Santa Marta, debía haber algo más que el oro en las motivaciones de su probanza.

La respuesta es entonces que el conquistador, más que oro, buscaba títulos, tierras y mando. La idea comúnmente aceptada de que los conquistadores surcaron el océano con el único fin de saquear a los pueblos amerindios ha desviado la atención del historiador, llevándolo a omitir elementos que complejizan la interpretación de lo sucedido tras el choque entre los dos mundos efectuado a lo largo del siglo xvi.

La conquista, si bien estableció un saqueo producto del ya mencionado carácter medieval de la conformación de las huestes que llegaron al Nuevo Mundo, se planteó -fundamentalmente- como un escenario propicio para que los "hijosdalgo" que arribaban como capitanes de hueste -o sus soldados- intentaran hacerse a privilegios propios de la alta nobleza castellana.

Esto se hace evidente al leer probanzas como las de Gonzalo Jiménez de Quesada en la que, por encima del oro, se manifiesta la constante súplica de mercedes traducibles en el otorgamiento de títulos, tierras, encomiendas y cargos de poder.

Prueba de lo anterior es que el mismo Jiménez de Quesada, luego de repartir el botín entre su hueste, decidió asentarse en la tierra de los muiscas, dando vida en abril de a un poblado -futura Santafé de Bogotá- que le permitiría, no solo proteger lo conquistado, sino también encaminarse a España buscando regresar al Nuevo Mundo ya no como soldado, sino como gobernador de las tierras obtenidas Mejía, , pp.

Las aspiraciones del conquistador, cifradas en la obtención de un título o mercedes derivadas de la conquista, quedaron registradas en las palabras del licenciado Ruy Pérez de Ribera, las de Antonio de Berrío y las de Melchor de Quesada 29 , apoderados de Gonzalo Jiménez de Quesada, investidos desde con poderes para solicitar "al Consejo de Indias o cualquier Consejo": "qualesquiera mercedes assi de propiedad de Yndios de encomienda como de vasallos y de rentas y acrecentamientos e asientos de cumplimientos de cualquier governacion tomadas o no tomadas las dichas capitulaciones con su magestad" Probanza, , fol.

Las peticiones de "qualesquiera mercedes", reiteradas a lo largo de la probanza por los diferentes testigos que participan en esta causa, más allá de considerarse como el mecanismo para acrecentar una supuesta fortuna ya alcanzada, deben leerse como el fruto de una mentalidad en la que el poder y la honra eran superiores a la riqueza.

El oro -o las riquezas- en este sentido, solo son funcionales en la medida en que pueden servir como camino para alcanzar títulos, vasallos, y una condición "nobiliaria" igual, o por lo menos similar, a la gozada por la nobleza castellana.

Cabe señalar aquí que sujetos como Gonzalo Jiménez de Quesada - así como los demás conquistadores que surcaron el Atlántico- crecieron en medio de una sociedad fuertemente jerarquizada, en la que los señores, dueños de la tierra y las riquezas, se ubicaban como el eslabón que mediaba entre la realeza - el rey y su corte- y el pueblo llano.

Aunque la historiografía ha tendido a subrayar el desmonte de la estructura señorial castellana con el avenimiento en del reinado de Isabel de Castilla y su esposo Fernando de Aragón, es claro que dicha transformación fue lenta, y solo se consolidó a partir de las reformas llevadas a cabo por los borbones en el tardío siglo XVIII Si bien es cierto que el reinado de Isabel fortaleció el poder de la Corona en detrimento de las estructuras señoriales consolidadas en el reinado de su hermanastro y antecesor Enrique IV Edwards, , pp.

En este orden de ideas el gobierno de los católicos se situó -como señala John Elliott- como el motor de "una sociedad medieval renovada" Elliott, , p. La expansión transatlántica, mediada por este contexto, estuvo forjada entonces por hombres que veían en las nuevas tierras, no solo la oportunidad de enriquecerse, sino también la coyuntura más adecuada para ascender socialmente, cambiando su posición de "subditos" por la de "vasallos" del rey.

La diferencia, aunque parece mínima, descansaba sobre la misma estructura señorial perpetuada en la península a lo largo de la Edad Media y vigente aún en tiempos de los reyes Católicos y los primeros Habsburgo.

Según este criterio subdito era todo aquel que nacía sujeto a la potestad del rey -el pueblo-, mientras que vasallo se consideraba a toda persona que tenía merecimientos, por su servicio a la Corona, para establecer un pacto directo con el monarca.

La alianza, sellada con títulos y prebendas, les aseguraba a los nobles señores la pertenencia a la "familia simbólica del rey", estatus que finalmente los diferenciaba del pueblo llano y los convertía en parte del escaño señorial Rivero, , p. Los conquistadores, en el momento de su partida, más allá de ser considerados en algunos casos hidalgos, es decir, "la persona de sangre, casa y solar conocido" 31 , seguían siendo tenidos por súbditos del rey, y, por ende, como inferiores a la nobleza.

Las historias de las grandes familias castellanas los Pacheco, los Mendoza, los Alva -esos denominados como "grandes de España"- 32 , habían nutrido en medio de este escenario de segregación social las ambiciones de campesinos y soldados, muchos de los cuales luego cruzarían el océano viendo en ello el posible cumplimiento de sus sueños.

Gracias a esto es común observar en las probanzas la constante defensa de los "servicios prestados al rey" por el conquistador, aspecto que solo es comprensible dentro del horizonte social antes mencionado.

Como señala Jorge Gamboa siguiendo las ideas de James Lockhart:. La aspiración de la mayoría de los inmigrantes era lograr una buena posición social o retornar a España. No eran aventureros errantes que vagaban por siempre de un lugar a otro. Si lograban obtener una buena encomienda, ya tenían garantizado un lugar destacado dentro de la naciente sociedad colonial.

Solo continuaban su camino en busca de nuevas conquistas y riquezas si había posibilidades muy fuertes de mejorar la posición ya adquirida.

Gamboa, , p. Al leer la retórica de la probanza en el marco del horizonte de expectativas de quien la produce, se hace evidente que lo que se esconde en ella -más allá del afán de riqueza- es la búsqueda de ascenso social a la que apunta Gamboa.

En el caso de Jiménez de Quesada, su hermano Melchor es enfático al destacar los múltiples servicios brindados por el conquistador al rey. Siguiendo las palabras consignadas en la probanza:. El infortunio y los grandes trabajos acometidos con el único fin de "servir a su Magestad" y "acrecentar su Corona y estado", se sitúan aquí como un mecanismo retórico tendiente a respaldar las diferentes peticiones incluidas en la probanza.

La disposición de los argumentos, así como la exaltación de la obra del conquistador buscan "persuadir" al consejo del rey para que le conceda "mercedes". Por esta razón, luego de realzar los servicios, la narración deriva en la petición de recompensas:.

Si en este entermedio no fuere gratificado que pues a los marqueses del Valle [se refiere a Hernán Cortés] y Pizarro que el uno descubrió la nueva España y el otro el pirú se le avian dado cada veyntemill vasallos con jurisdicción y cada sesentamil ducados de rrenta: cuya renta aya mas crescido en mucho mas numero que este que ami rata por cantidad se me diese ochomil vasallos de la misma manera y veinte mil ducados de renta.

Estas palabras del propio Gonzalo Jiménez de Quesada evidencian su afán de ser gratificado mediante rentas y vasallos, demandas que sustenta a partir de la comparación con las conquistas de la Nueva España y el Perú. Jiménez, proclamado en su probanza como "el tercero capitan del descubrimiento de estas indias porque después del descubrimiento de la nueva España de Hernando Cortés y después del de don Francisco Pizarro que descubrió el Pirú fue el tercero descubrimiento el deste Nuevo Reino" Probanza, , fol.

La precaria situación monetaria del conquistador se convierte así en otro de los ingredientes retóricos de su probanza, circunstancia esgrimida, aun a pesar de los indios y las rentas que le habían sido concedidas previamente por el rey.

Siguiendo el documento, a Jiménez de Quesada el emperador Carlos V ya le había otorgado el título de "adelantado del Nuevo Reino de Granada", al cual se le asociaban "tres mil pesos de renta".

A la cuantía se le sumaba además la encomienda de Suesca y "ciertos yndios que habían sacado en tierra caliente que fue lo último que se le dio" Probanza, , fols.

A pesar de esto Pedro Mora del Pulgar, otro de los testigos presentados por Jiménez de Quesada, señaló el 9 de junio de que el conquistador:. La pobreza del conquistador, instaurada como verdad retórica en la probanza, tiende a la ratificación no solo de las peticiones ya mencionadas, sino también de la perpetuación de las mismas, en favor de sus hermanos y herederos.

De esta forma Pedro Mora del Pulgar argumenta que "su magestad descargando su rreal conciencia le debe de hacer esta merced de la perpetuidad que el dicho adelantado pretende con mayor renta de la que tiene y la jurisdicción de los vasallos que pide" Probanza, , fol.

Las palabras dejan en evidencia la intención claramente "señorial" de Jiménez de Quesada, materializada tanto en la petición de títulos y vasallos, como en el ruego de la perpetuación de los mismos, solicitud fundada en el hecho de que a Cortés y Pizarro ya se les había asignado "perpetuidad con jurisdicción y vasallos" Probanza, , fol.

Al leer esto con detenimiento, las palabras "perpetuidad", "jurisdicción" y "vasallos", se sitúan como las bases del sistema feudal, establecido a partir de la tenencia heredable de una tierra o feudo al que se asignaban vasallos Aunque en América la encomienda nunca se vinculó a la tierra, como si ocurría con el feudo señorial, esto no fue óbice para que los conquistadores pretendieran el establecimiento de feudos en el Nuevo Mundo.

La encomienda permitió a los conquistadores dejar de lado la aventura y la búsqueda de oro, para establecerse en las provincias y los nacientes centros urbanos bajo el manto de seguridad que les ofrecían las rentas derivadas del trabajo indígena.

Sobre esta base -como señala Jorge Gamboa- los conquistadores lograron constituir un círculo cerrado en el que el poder político, social y económico se esgrimía bajo la premisa de haber sido "los primeros conquistadores" Gamboa, , p.

El fenómeno derivaría en una pretendida feudalización de la encomienda, impulsada a partir del afán de los conquistadores por controlar tierra, indios y poder. La conducta de Jiménez de Quesada fue -en este sentido- tan solo una más dentro del cúmulo que engendró la conquista a lo largo del siglo XVI.

En la Nueva Granada, por ejemplo, Hernando de Rojas, vecino de Tunja y miembro de la hueste de Sebastián de Belalcázar, alegaba en , no solo haber servido al rey "en las partes de Ungria y Alemania y los campos y exercitos de su magestad imperial contra el Gran Turco", sino también en "compañía de Sebastián de Benalcazar en Cartagena, Urabá, Quito y Popayán" donde prestó sus servicios para "pacificar, poblar y sustentar las dichas provincias" Probanza, , fols.

Estos "trabajos", realizados por Rojas "con su persona, armas y caballo", se sumaban a la defensa de la Corona "quando los tiranos Gonzalo Pizarro e Alvaro de Oyón y Lope de Aguirre se alzaron y rrebelaron contra el servicio de su magestad en ciertas provincias cercanas de este rreyno" Probanza, , 69v.

La lealtad y los servicios al monarca son esgrimidos en repetidas ocasiones en la probanza de Rojas -al igual que en la de Quesada- con el único fin de alcanzar títulos y encomiendas. Rojas, a pesar de tener asignadas ya dos encomiendas, solicita al rey el acrecentamiento de las mismas, así como rentas o una gobernación que le permitan vivir de acuerdo a su rango, debido a que "ha padecido y padece mucho trabajo por su grandísima pobreza y necesidad por tenerlo como tiene quatro hijos legítimos demás de los naturales y el sustento de todos ellos depende del dicho Hernando de Rojas" Probanza, , fol.

Las acciones de este tipo se repiten una y otra vez como parte de un fenómeno en el que capitanes y soldados, por igual, atestaron los tribunales con demandas de rentas y privilegios Aunado a esto, conquistadores como Jiménez de Quesada - como eco de la clase señorial castellana- buscaron hacerse a todo tipo de prerrogativas de cuño bajomedieval o feudal.

Blasones, acceso a órdenes de caballería 36 , y títulos nobiliarios comenzaron a ser codiciados, dando forma a una avalancha de solicitudes que mantuvo en jaque a los consejeros del rey quienes, en su mayoría, rechazaban las peticiones.

En el caso de Gonzalo Jiménez de Quesada es reiterativa dentro de su probanza la referencia al título de "Marqués del Valle de Oaxaca" concedido por Carlos V en a Hernán Cortés Chevalier, , pp.

La insistencia del conquistador tiene que ver con la pretensión de obtener un título similar. Adicionalmente, Jiménez de Quesada, al igual que muchos de los soldados que integraban las huestes conquistadoras 37 , solicitó al emperador permiso para portar un blasón de armas, licencia que le fue otorgada en como premio por sus servicios.

El escudo, diseñado por el propio interesado, no solo destacaba en sus cuartiles el rango militar del adelantado como capitán y conquistador, sino que también daba cuenta de sus hazañas en el Nuevo Mundo.

Las montañas, el mar y las esmeraldas insertas como símbolos dentro del escudo, subrayaban lo alcanzado por Jiménez de Quesada, brindándole un aire de nobleza a su persona y sus propios esfuerzos Friede, , s.

Concesiones de este tipo evidencian el estatus nobiliario al que aspiraba el conquistador, aún por encima de la riqueza, pretensión que al final sería minada por la propia Corona. La idea de la codicia aurífera palidece aquí bajo la luz de un horizonte de expectativas que iba mucho más allá de la riqueza momentánea.

Esta se situaba como una pieza más de un entramado dirigido a afianzar una posición señorial que emulara la de los "grandes de España". Ser señor en las nuevas tierras y perpetuar su señorío fue la verdadera "codicia" que impulsó a Jiménez de Quesada, un anhelo perseguido por años que, finalmente, jamás llegaría a materializarse.

Siguiendo los datos aportados por sus biógrafos, Gonzalo Jiménez de Quesada murió en Mariquita en , vencido no solo por la malaria, sino también por el evidente olvido del rey y la corte española.

Murió mientras perseguía el Dorado, un anhelo que, al igual que sus peticiones al monarca español, jamás abandonaría Sus últimos años de vida, así como el proceso asociado a su probanza de méritos, estuvieron dominados por la situación marginal a la que se vieron reducidos los conquistadores luego de que la Corona entendió como un peligro las pretensiones señoriales que se cernían sobre el Nuevo Mundo.

En este sentido, las leyes nuevas de se situaron como el primer paso hacia el desmonte de las aspiraciones señoriales de los conquistadores. Más allá de las constantes denuncias relativas al maltrato de los indios, lo que en realidad terminó moviendo a emperador Carlos V a sancionar las nuevas leyes fue el creciente empoderamiento de los conquistadores, fenómeno vinculado además a conflictos de poder con la Iglesia indiana y los emisarios reales Como producto del cambio en el marco legal se ordenó que "ningún visorey, gobernador, audiencia, descubridor ni otra persona alguna" pudiera encomendar indios.

Al mandato se sumaba la orden de que toda encomienda cesara a la muerte de su tenedor, disposición que minaba las aspiraciones de los conquistadores, tendientes a perpetuar en sus herederos el "poder señorial" que habían obtenido Crespo, , pp.

Esto se hace evidente en la probanza de Gonzalo Jiménez de Quesada, documento en el que, tras reconocer el "no tener hijos", se solicita:. Aquí, nuevamente, el oro o la riqueza quedan marginados frente a prebendas materializadas en títulos y encomiendas que, siguiendo el anhelo del conquistador, debían mantenerse en manos de sus herederos: en el caso de Jiménez de Quesada, sus hermanos y "sobrinos pobres".

Sin embargo, el parecer de la Corona era otro: anular, a toda costa, el poder del conquistador. Como señala Daniel Crespo, "el temor regio de que en las Indias se reprodujese lo peor del sistema feudal como limitante de la autoridad real" quedó en evidencia cuando los virreyes y las audiencias implantaron las nuevas leyes enfrentándose a conquistadores que, como Francisco Pizarro en el Perú, acumulaban cargos y poder, restando significancia al carácter gubernativo de la monarquía hispana Crespo, , pp.

En la Nueva Granada el caso no fue muy diferente y, aunque no alcanzó la dimensión de la rebelión organizada por los conquistadores en el Perú 40 , sí puso de manifiesto el malestar de los conquistadores, formalizado en los choques con la Real Audiencia. Siguiendo las palabras de Juan Rodríguez Freyle en su obra El Carnero, el oidor Melchor Pérez de Arteaga fue quien en Santafé leyó el auto de las leyes nuevas, para informarles a los conquistadores lo que el rey había decidido.

Jiménez de Quesada, junto a otros como el capitán Alonso de Olalla, acudieron a la sala del acuerdo -despacho del presidente de la Audiencia- "con las espadas desnudas, las puntas en alto", profiriendo insultos en contra de María de Dondegardo, quien fungía como presidenta encargada en ausencia de su marido Andrés Díaz Venero de Leyva Rodríguez, pp.

El evento, que no pasó a mayores, se hallaba vinculado a dos fenómenos: la puesta en marcha de las leyes nuevas y la erección definitiva de la Nueva Granada, en abril de , como Real Audiencia. Ambos aspectos, separados por casi una década de diferencia, solo llegarían a materializarse en con la llegada de Andrés Díaz Venero de Leiva, investido como presidente de la Real Audiencia.

La llegada del funcionario elegido por Felipe II tuvo como finalidad, no solo la de ejercer plenas funciones gubernativas y judiciales, sino también la de fortalecer el dominio de la Corona sobre los territorios de ultramar Aguilera, , pp. Este nuevo ingrediente complicaba aún más la situación de personajes como Jiménez de Quesada, asentados sobre un poder que poco a poco se desmoronaba.

La probanza de méritos del conquistador es también esclarecedora en este sentido, al dar cuenta de la enemistad surgida entre Venero de Leyva y los conquistadores. Lo narrado en el documento demuestra que Venero impidió a Jiménez de Quesada ordenar expediciones por su cuenta, además de mermar las "rentas perpetuas" del conquistador, acción que lo llevó a múltiples querellas Probanza, , fol.

Esto explica el hecho de que Jiménez de Quesada no hubiera escatimado palabras para dar cuenta de la supuesta inquina del presidente, al señalar que Venero de Leiva:.

Arto azote a sido mio aunque no bastante según mis pecados que a salido el de su estudio venga a hazerme una guerra cruel aquí y en España tomando por título y color para ello el nombre de justicia contra aquel que casi que antes que el naciese a lo menos antes que le naciesen las barbas me avian salido ya canas en servicio de Vuestra Magestad.

Ateniéndonos a lo narrado por Jiménez de Quesada, Venero de Leiva se convirtió en un enemigo de los conquistadores, a partir de una profunda crítica al sistema de gobierno que se había establecido en Indias.

Para Venero -siguiendo lo señalado por la profesora Diana Bonett- la ambición de los conquistadores se sumaba a toda una serie de arbitrariedades, cobijadas bajo la "burlería con que se actuaba en la probanza de servicios".

Para el presidente, el estado en que se hallaban las cosas en el Nuevo Reino de Granada ameritaba una transformación total Bonnett, , pp.

Como se puede observar la tensión de Venero hacia Jiménez de Quesada, más que con una animadversión personal, tuvo que ver con el giro político que la Corona española imprimió, desde la segunda mitad del siglo xvi, en el gobierno de las Indias Occidentales.

Las pretensiones de los conquistadores, manifestadas en la ya mencionada avalancha de solicitudes señoriales, tendía hacia una feudalización de América. Como remedio a este problema, a Felipe II no le bastaron las "Leyes Nuevas" promulgadas por su padre, ni la revocatoria de ciertos títulos y mercedes -verbigracia el título de "Capitán General de la Nueva España y la Mar del Sur ostentado por Hernán Cortés" concedido en y revocado en Crespo, , pp.

En consecuencia, Venero de Leyva "no le tenía buena voluntad" a Jiménez de Quesada ni a ningún conquistador, "según del mismo presidente lo entendía" Juan de Párraga, otro de los acompañantes del fundador de Bogotá que sirvió como testigo en su Probanza Probanza, , fol.

Ahora bien, vale preguntarnos ahora ¿qué papel tuvo el oro en este contexto? La escasez del metal, asociada a su búsqueda infructuosa, fue superada a partir de la década de , cuando se dio el hallazgo de grandes yacimientos de plata.

Como ha señalado John Elliott,gracias al descubrimiento de las minas de Potosí en y Zacatecas en , la plata americana se convirtió rápidamente en uno de los bastiones económicos de la monarquía Elliott, , p.

Sobre este no solo descansaba el pago de las guerras y los compromisos en Europa, sino también el acceso a los diferentes préstamos que sostenían la maquinaria imperial.

Las minas americanas representaban buena parte de la economía hispana y, por lo tanto, la Corona buscó siempre hacerse a su control.

Sin embargo, la monarquía nunca pudo tener un dominio directo sobre las minas. Aun cuando la Corona impidió que los conquistadores pudieran tener dominio sobre el oro y la plata, su proceso productivo debió ser otorgado a particulares que cobraban por su trabajo para asegurar el porcentaje de metal que debía enviarse al rey Elliott, , pp.

Esta dinámica, que pervivió casi inmutable hasta el siglo xviii, traería consigo toda una serie de manifestaciones ajenas a la estructura de la Hacienda hispana. Contrabando y desfalcos se sumaron al fortalecimiento de unas nuevas élites mineras americanas que, bajo los rasgos de "economías locales", socavaron un control que nunca pudo ser completo por parte de la Corona española Conquistadores como Jiménez de Quesada, Hernán Cortés o Francisco Pizarro, por su parte, murieron, o bien a manos de quienes disputaban sus privilegios -en el caso de Pizarro-, o bien a la espera de una resolución de la Corona frente a las prebendas que, como pago a sus servicios, solicitaban.

Este fue el caso de Hernán Cortés o el mismo Gonzalo Jiménez de Quesada. A modo de conclusión: Apostillas a una lectura crítica de las fuentes clásicas sobre la conquista del Nuevo Reino de Granada. Autores como Miguel Ladero Quesada, siguiendo la huella de otros historiadores como Luis Weckmann, han hecho énfasis en la pervivencia de las formas de ver el mundo y los valores propios de la Edad Media, dentro de la estructura socioeconómica propia de la temprana modernidad.

Este fenómeno, desplazado hacia América como fruto del proceso de exploración y conquista, determinaría -como señala el mismo autor mencionado- una asimilación de las "nuevas realidades" a partir de códigos típicamente medievales Ladero Quesada, , pp. La realidad feudal, moribunda pero aun no desaparecida, los ideales caballerescos y nobiliarios, y la búsqueda de ascenso social, se convirtieron así en "latencias" del conquistador; ideales a alcanzar en el Nuevo Mundo.

Gonzalo Jiménez de Quesada era hijo de este contexto. Su nacimiento e infancia, desarrollada dentro del marco del ocaso del reinado de los Reyes Católicos y los primeros años del de Carlos V, determinó que el medio en el que creció estuviera dominado por las historias de la grandeza de la guerra de Granada y las añoranzas de una casta guerrera que había obtenido títulos y riqueza, esgrimiendo como únicos argumentos para tales mercedes su valor y su destreza con la espada en medio de la Reconquista.

Las armas habían permitido a muchos cerrar la brecha entre pobreza y nobleza, gracias a las acciones desarrolladas en Granada, la Berbería africana y la Conquista Canaria Ladero, , pp. Como antecedentes de la conquista de América, estas guerras sembraron en personajes como Gonzalo Jiménez la aspiración de dominar tierras y riquezas para ponerlas al servicio del rey, lo cual debía traducirse en mercedes, títulos y rentas, tales como las obtenidas por quienes lucharon en Canarias o las guerras bajo medievales hispanas.

Este contexto, claro para algunos historiadores, ha sido marginado por buena parte de los historiadores coloniales de nuestro país quienes, desde una perspectiva nacionalista, han deslindado totalmente lo colonial neogranadino del contexto global propio del Imperio español del que la Nueva Granada -como Reino- hizo parte.

Estudios clásicos sobre el expolio aurífero como los de Hermes Tovar, que siguen citándose hoy como "fuentes de autoridad" en materia de conquista, son muestra de este fenómeno.

Llama la atención aquí -sin negar el valor investigativo y heurístico que estos textos poseen- que dichos autores no vinculen el ethos del conquistador con el contexto propio de la España bajo medieval y de la temprana modernidad 43 , elemento que amerita una concienzuda revisión dirigida a introducir matices vinculados a una lectura global del fenómeno conquistador.

Es dentro de este marco que el presente artículo busca hacer un aporte, reinsertando la historia de la conquista de la Nueva Granada colonial dentro del horizonte que la produjo, es decir el contexto sociocultural propio de la Castilla de los siglos xv y xvi. Es este escenario, el del tránsito de lo medieval hacia lo moderno, el que permite cuestionar la idea de saqueo en medio de ese "rio tenue de oro que era la actual Colombia" Tovar, , p.

Frente a este panorama sugerimos - leyendo lo "colonial" en términos imperiales- que los conquistadores atravesaron el océano persiguiendo un "mito áureo" que nunca alcanzaron, pero que les sirvió como bien retórico para buscar hacerse señores del Nuevo Mundo.

Probanzas como la de Jiménez de Quesada presentan grandes hazañas aparejadas siempre a inigualables tesoros, construcciones retóricas dirigidas a forjar algo mucho más valioso que el oro o la plata: el poder y la gloria.

Las disputas finales de Jiménez de Quesada con la Real Audiencia son muestra de este anhelo, "una ilusión que se desvaneció" parcialmente cuando la monarquía tomó conciencia de que el poder de los conquistadores se cernía como peligro sobre el ánimo centralizador del Imperio español.

Vale mencionar aquí que a pesar de que la Corona, representada en hombres como Venero de Leiva, buscó desmoronar el poder de los conquistadores, su victoria solo pudo ser parcial. Esto puede ser explicado a partir de dos fenómenos: en primer lugar, muchos hijos, nietos y hasta bisnietos de conquistadores mantuvieron fuertes disputas con las autoridades coloniales, buscando no solo la restitución de títulos y encomiendas, sino también la concesión de mercedes en nombre de sus antepasados.

De hecho, en Tunja y Santafé la encomienda pervivió hasta bien entrado el siglo XIX, momento en que para la mayoría de las regiones esta ya había desaparecido Molino, , pp. En segundo lugar, muchos hijos y herederos de conquistadores y encomenderos, al ver sus posesiones y títulos amenazados, buscaron mantenerlos a través de su vinculación al entorno eclesiástico.

Son diversos los casos de antiguos conquistadores, o parientes de estos, que mediante la ordenación sacerdotal se acogieron al fuero y la justicia eclesiástica para no perder títulos, encomiendas y rentas De esta manera, el legado de nobleza dejado por quienes surcaron el Atlántico persiguiendo sueños de hidalguía no se perdió del todo.

Aun así, conquistadores como Jiménez de Quesada, que al igual que Ícaro soñaron alcanzar el sol, terminaron con sus alas derretidas para estrellarse con la única realidad posible: la de una monarquía que jamás permitiría a un súbdito hijo del pueblo convertirse en vasallo y, mucho menos, en señor.

Escudo de armas concedido a Alvaro Gallego, vecino de México. Escudo de armas de Juan de Jaramillo, conquistador en Nueva España con Hernán Cortés. Julio 20 de mp-escudos, Escudo de armas del capitán Francisco Maldonado, vecino de México.

Septiembre 18 de mp-escudos, Probanza de méritos y servicios de Gonzalo Jiménez de Quesada. patronato,, N. Probanza de mérito de Hernando Rojas.

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El indio americano y los orígenes de la etnología comparativa. Vocabulario en contexto : Después de leer la introducción, define, en español y con tus propias palabras, los siguientes términos:. Texto primario : Diario de Cristóbal Colón, de su primer viaje a las Indias.

Del 3 de agosto de al 15 de marzo de In Nomine Domini Nostri Jesu Christi. Vuestras Altezas, como católicos cristianos y Príncipes amadores de la santa fe cristiana y acrecentadores de ella, y enemigos de la secta de Mahoma y de todas idolatrías y herejías, pensaron de enviarme a mí, Cristóbal Colón, a las dichas partidas de India para ver a los dichos príncipes, y los pueblos y tierras y la disposición de ellas y de todo, y la manera que se pudiera tener para la conversión de ellas a nuestra santa fe; y ordenaron que yo no fuese por tierra al Oriente, por donde se acostumbra de andar, salvo por el camino de Occidente, por donde hasta hoy no sabemos por cierta fe que haya pasado nadie.

Así que, después de haber echado fuera todos los judíos de vuestros reinos y señoríos en el mismo mes de enero mandaron Vuestras Altezas a mí que con armada suficiente me fuese a las dichas partidas de India; y para ello me hicieron grandes mercedes y me ennoblecieron que dende en adelante yo me llamase Don, y fuese Almirante Mayor de la Mar Océana y Virrey y Gobernador perpetuo de todas las islas y tierra firme que yo descubriese y ganase, y de aquí en adelante se descubriesen y ganasen en la Mar Océana, y así me sucediese mi hijo mayor, y así de grado en grado para siempre jamás.

Y partí yo de la ciudad de Granada a doce días del mes de mayo del mismo año de , en sábado. Vine a la villa de Palos, que es puerto de mar, adonde armé yo tres navíos muy aptos para semejante hecho, y partí del dicho puerto muy abastecido de muy muchos mantenimientos y de mucha gente de la mar, a tres días del mes de agosto del dicho año, en un viernes, antes de la salida del sol con media hora, y llevé el camino de las islas de Canaria de Vuestras Altezas, que son en la dicha Mar Océana, para de allí tomar mi derrota y navegar tanto que yo llegase a las Indias, y dar la embajada de Vuestras Altezas a aquellos Príncipes y cumplir lo que así me habían mandado; y para esto pensé de escribir todo este viaje muy puntualmente de día en día todo lo que hiciese y viese y pasase, como adelante se verá.

También, Señores Príncipes, allende de escribir cada noche lo que el día pasare, y el día lo que la noche navegare, tengo propósito de hacer carta nueva de navegar, en la cual situaré toda la mar y tierras del Mar Océano en sus propios lugares, debajo su viento, y más, componer un libro, y poner todo por el semejante por pintura, por latitud del equinoccial y longitud del Occidente; y sobre todo cumple mucho que yo olvide el sueño y tiente mucho el navegar, porque así cumple, las cuales serán gran trabajo.

Martes, 9 de octubre. Navegó al Sudoeste. Anduvo cinco leguas; mudóse el viento y corrió al Oeste cuarta al Noroeste, y anduvo cuatro leguas. Después con todas once leguas de día y a la noche veinte leguas y media. Contó a la gente diecisiete leguas.

Toda la noche oyeron pasar pájaros. Jueves, 11 de octubre. Navegó al Oessudoeste. Tuvieron mucha mar y más que en todo el viaje habían tenido.

Vieron pardelas y un junco verde junto a la nao. Vieron los de la carabela Pinta una caña y un palo y tomaron otro palillo labrado a lo que parecía con hierro, y un pedazo de caña y otra hierba que nace en tierra, y una tablilla.

Los de la carabela Niña también vieron otras señales de tierra y un palillo cargado de escaramojos. Con estas señales respiraron y alegráronse todos. Anduvieron en este día, hasta puesto el sol, veintisiete leguas. Después del sol puesto, navegó a su primer camino, al Oeste; andarían doce millas cada hora y hasta dos horas después de media noche andarían noventa millas, que son veintidós leguas y media.

Y porque la carabela Pinta era más velera e iba delante del Almirante, halló tierra e hizo las señas que el Almirante había mandado. Esta tierra vio primero un marinero que se decía Rodrigo de Triana ; puesto que el Almirante, a las diez de la noche, estando en el castillo de popa, vio lumbre, aunque fue cosa tan cerrada que no quiso afirmar que fuese tierra; pero llamó a Pedro Gutiérrez, repostero de estrados del Rey, y díjole que parecía lumbre, que mirase él, y así lo hizo y viola; díjole también a Rodrigo Sánchez de Segovia, que el Rey y la Reina enviaban en el armada por veedor, el cual no vio nada porque no estaba en lugar do la pudiese ver.

Después de que el Almirante lo dijo, se vio una vez o dos, y era como una candelilla de cera que se alzaba y levantaba, lo cual a pocos pareciera ser indicio de tierra. Pero el Almirante tuvo por cierto estar junto a la tierra. Por lo cual, cuando dijeron la Salve, que la acostumbraban decir y cantar a su manera todos los marineros y se hallan todos, rogó y amonestólos el Almirante que hiciesen buena guarda al castillo de proa, y mirasen bien por la tierra, y que al que le dijese primero que veía tierra le daría luego un jubón de seda, sin las otras mercedes que los Reyes habían prometido, que eran diez mil maravedís de juro a quien primero la viese.

A las dos horas después de media noche pareció la tierra de la cual estarían dos leguas Amañaron todas las velas, y quedaron con el treo, que es la vela grande sin bonetas, y pusiéronse a la corda, temporizando hasta el día viernes, que llegaron a una islita de los Lucayos, que se llamaba en lengua de indios Guanahaní.

Luego vinieron gente desnuda, y el Almirante salió a tierra en la barca armada, y Martín Alonso Pinzón y Vicente Yáñez, su hermano, que era capitán de la Niña.

Sacó el Almirante la bandera real y los capitanes con dos banderas de la Cruz Verde, que llevaba el Almirante en todos los navíos por seña, con una F y una Y: encima de cada letra su corona, una de un cabo de la cruz y otra de otro.

Puestos en tierra vieron árboles muy verdes y aguas muchas y frutas de diversas maneras. El Almirante llamó a los dos capitanes y a los demás que saltaron en tierra, y a Rodrigo de Escobedo, escribano de toda el armada, y a Rodrigo Sánchez de Segovia, y dijo que le diesen por fe y testimonio cómo él por ante todos tomaba, como de hecho tomó, posesión de la dicha isla por el Rey y por la Reina sus señores, haciendo las protestaciones que se requerían, como más largo se contiene en los testimonios que allí se hicieron por escrito.

Luego se ajuntó allí mucha gente de la isla. Esto que se sigue son palabras formales del Almirante, en su libro de su primera navegación y descubrimiento de estas Indias.

Los cuales después venían a las barcas de los navíos adonde nos estábamos, nadando, y nos traían papagayos e hilo de algodón en ovillos y azagayas y otras cosas muchas, y nos las trocaban por otras cosas que nos les dábamos, como cuentecillas de vidrio y cascabeles.

En fin, todo tomaban y daban de aquello que tenían de buena voluntad. Mas me pareció que era gente muy pobre de todo. Ellos andan todos desnudos como su madre los parió, y también las mujeres, aunque no vi más de una harto moza. Y todos los que yo vi eran todos mancebos, que ninguno vi de edad de más de treinta años: muy bien hechos, de muy hermosos cuerpos y muy buenas caras: los cabellos gruesos casi como sedas de cola de caballo, y cortos: los cabellos traen por encima de las cejas, salvo unos pocos detrás que traen largos, que jamás cortan.

De ellos se pintan de prieto, y ellos son de la color de los canarios ni negros ni blancos, y de ellos se pintan de blanco, y de ellos de colorado, y de ellos de lo que hallan, y de ellos se pintan las caras, y de ellos todo el cuerpo, y de ellos solos los ojos, y de ellos sólo el nariz.

Ellos no traen armas ni las conocen, porque les mostré espadas y las tomaban por el filo y se cortaban con ignorancia. No tienen algún hierro: sus azagayas son unas varas sin hierro, y algunas de ellas tienen al cabo un diente de pez, y otras de otras cosas.

Ellos todos a una mano Son de buena estatura de grandeza y buenos gestos, bien hechos. Yo vi algunos que tenían señales de heridas en sus cuerpos, y les hice señas qué era aquello, y ellos me mostraron cómo allí venían gente de otras islas que estaban cerca y les querían tomar y se defendían. Y yo creí y creo que aquí vienen de tierra firme a tomarlos por cautivos.

Ellos deben ser buenos servidores y de buen ingenio, que veo que muy presto dicen todo lo que les decía, y creo que ligeramente se harían cristianos; que me pareció que ninguna secta tenían.

Yo, placiendo a Nuestro Señor, llevaré de aquí al tiempo de mi partida seis a Vuestras Altezas para que aprendan a hablar. Ninguna bestia de ninguna manera vi, salvo papagayos, en esta isla. Sábado, 13 de octubre. Las piernas muy derechas, todos a una mano, y no barriga, salvo muy bien hecha.

Ellos vinieron a la nao con almadías, que son hechas del pie de un árbol, como un barco luengo, y todo de un pedazo, y labrado muy a maravilla, según la tierra, y grandes, en que en algunas venían cuarenta o cuarenta y cinco hombres, y otras más pequeñas, hasta haber de ellas en que venía un solo hombre.

Remaban con una pala como de hornero, y anda a maravilla; y si se le trastorna, luego se echan todos a nadar y la enderezan y vacían con calabazas que traen ellos.

Traían ovillos de algodón hilado y papagayos y azagayas y otras cositas que sería tedio de escribir, y todo daban por cualquier cosa que se los diese. Y yo estaba atento y trabajaba de saber si había oro, y vi que algunos de ellos traían un pedazuelo colgado en un agujero que tienen a la nariz, y por señas pude entender que yendo al Sur o volviendo la isla por el Sur, que estaba allí un rey que tenía grandes vasos de ello, y tenía muy mucho.

Trabajé que fuesen allá, y después vi que no entendían en la ida. Determiné de aguardar hasta mañana en la tarde y después partir para el Sudeste, que según muchos de ellos me enseñaron decían que había tierra al Sur y al Sudoeste y al Noroeste, y que éstas del Noroeste les venían a combatir muchas veces, y así ir al Sudoeste a buscar el oro y piedras preciosas.

Esta isla es bien grande y muy llana y de árboles muy verdes y muchas aguas y una laguna en medio muy grande, sin ninguna montaña, y toda ella verde, que es placer de mirarla; y esta gente harto mansa, y por la gana de haber de nuestras cosas, y temiendo que no se les ha de dar sin que den algo y no lo tienen, toman lo que pueden y se echan luego a nadar; que hasta los pedazos de las escudillas y de las tazas de vidrio rotas rescataban hasta que vi dar dieciséis ovillos de algodón por tres ceotís de Portugal, que es una blanca de Castilla, y en ellos habría más de una arroba de algodón hilado.

Esto defendiera y no dejara tomar a nadie, salvo que yo lo mandara tomar todo para Vuestras Altezas si hubiera en cantidad.

Aquí nace en esta isla, mas por el poco tiempo no pude dar así del todo fe. Y también aquí nace el oro que traen colgado a la nariz; más, por no perder tiempo quiero ir a ver si puedo topar a la isla de Cipango.

Ahora, como fue noche, todos se fueron a tierra con sus almadías. Martes, 25 de diciembre, día de Navidad.

Continuidades medievales Experiencias de Riqueza y Aventuras la conquista yy América. Madrid: Real Academia Matritense de Heráldica Avenyuras Genealogía. Avenguras vuestra altesa que a Riqufza y tres Riqqueza continuos que mi Apuestas con Suerte Aventkras ha dejado de servir vuestra Riaueza tanto y que vejez con Aenturas ni pobreza ni enfermedades no han sido parte para Ambiente de póker emocionante que lo Apuestas con Suerte de continuar Experienccias estando Participaciones Sin Costo sin poderse menear sino en silla de en brazos de hombres se ha de llevar y de esta manera se pone en los mayores peligros y afrentas y dificultades [ Descubre los lagos cráter y lagunas que decoran la cuenca oriental de Puebla Con la llegada de la nueva normalidad la industria del turismo ha tenido que reinventar la forma de viajar. A esta cifra Hernán Cortés sumaría un cuantioso "tesoro", con el que logró deslumbrar no solo al rey, sino también a toda Castilla Martínez,pp. Si te alojas en Erg Chigaga Luxury Campen Marruecostendrás a tu disposición otras actividades en el desierto además del surf sobre las arenas.

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